
El tranvía y la cultura
La imagen del tranvía ha sido inspiradora frecuentemente y desde sus orígenes de distintas obras de arte, tanto literarias como pictóricas e incluso cinematográficas. En síntesis, el tranvía ha sido reflejado como símbolo de la era contemporánea y como símbolo del destino. En esta página podrás aprender más sobre el tranvía y su relación con la cultura en general y el arte en particular, a través de reseñas de obras literarias y películas, entre otras representaciones, indefectiblemente vinculadas al tranvía.

Retrato de Oliverio Girondo.
Pedestre
Buenos Aires, agosto, 1920, 20/11/07.- Oliverio Girondo (Argentina, 1881-1967) / Veinte poemas para ser leídos en el tranvía (1922)
En el fondo de la calle, un edificio público aspira el mal
olor de la ciudad.
Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se
acuestan para fornicar en la vereda.
Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene
la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.
Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se
exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan
bajo las capotas de las victorias.
Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse
una mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es
un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta
que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar*.
De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe
de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que
se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al
rozarse.
* Los perros fracasados han perdido a su dueño por levantar la pata como una mandolina, el pellejo les ha quedado demasiado grande, tienen una voz afónica, de alcoholista, y son capaces de estirarse en un umbral, para que los barran junto con la basura.
olor de la ciudad.
Las sombras se quiebran el espinazo en los umbrales, se
acuestan para fornicar en la vereda.
Con un brazo prendido a la pared, un farol apagado tiene
la visión convexa de la gente que pasa en automóvil.
Las miradas de los transeúntes ensucian las cosas que se
exhiben en los escaparates, adelgazan las piernas que cuelgan
bajo las capotas de las victorias.
Junto al cordón de la vereda un quiosco acaba de tragarse
una mujer.
Pasa: una inglesa idéntica a un farol. Un tranvía que es
un colegio sobre ruedas. Un perro fracasado, con ojos de prostituta
que nos da vergüenza mirarlo y dejarlo pasar*.
De repente: el vigilante de la esquina detiene de un golpe
de batuta todos los estremecimientos de la ciudad, para que
se oiga en un solo susurro, el susurro de todos los senos al
rozarse.
* Los perros fracasados han perdido a su dueño por levantar la pata como una mandolina, el pellejo les ha quedado demasiado grande, tienen una voz afónica, de alcoholista, y son capaces de estirarse en un umbral, para que los barran junto con la basura.
